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lunes, 19 de enero de 2009

Israel, la democracia y los “fachas”…

Parece ser que un pequeño país asentado ilegalmente en tierra Palestina genera un sin fin de simpatías alrededor de todo el mundo. Para la ONU, para los países llamados democráticos y para múltiples asociaciones de todos los colores, Israel es intocable. ¿Qué tiene Israel? ¿Es Israel algo más que un Estado? No seré yo quien conteste a estas preguntas, pues es obvio que el Estado de Israel tiene un poder que traspasa sus ilegales fronteras y por consiguiente cualquier persona con un mínimo de cultura y con una pizca de lógica podrá contestarlas sin ningún problema, bueno sí tendrá un problema: será acusado de antisemita.

Y es que para los amantes del pueblo elegido –bien de su pueblo o comprado por éste- la democracia tiene un valor distinto dependiendo de quien la ejerza. Efectivamente, nos cuentan la milonga de que un hombre equivale a un voto, nos dicen que el voto otorga el valor más preciado: la libertad de elegir libremente lo que uno quiere. Qué bonito ¿no? Ahora bien, si uno ejerce libremente su voto y resulta -¡oh!- que su elección es la ganadora, puede –sí, puede- que su voto no valga nada, que los “otros” le ataquen, le insulten, e incluso que los garantes de la democracia digan que ese voto no vale lo mismo que otros, y por consiguiente desprecien a esa opción libremente elegida. No, no me invento nada. Pongamos algunos ejemplos.

En Gaza, democráticamente, un pueblo ha ejercido su libertad de depositar su voto por la opción que libremente ha querido, ganó Hamas ¡ah! pues, entonces son terroristas. En Argelia ganaron los islamistas ¡ah! pues, entonces un golpe de estado. En Francia, Le Pen disputaba, gracias a los votos obtenidos, la presidencia de la Republica Francesa ¡ah! todos contra él, desde estalinistas proetarras a derechistas liberales. En todos los casos los sujetos de estas victorias fueron unas papeletas que el pueblo libremente había elegido, pero al parecer estos votos son de “otra calidad”, por ello, para los demócratas, estos votos no valen. Son votos del odio, dicen. Curiosa manera de entender la democracia.

Pues sí, curiosa democracia ésta. Si uno vota al MSR, dirán que es un voto radical, marginal, y vaya uno a saber que más, en cambio si votas al PSOE o al PP, las explicaciones son otras: “el pueblo ha elegido con su voto las opciones más respetables, lo ha hecho entre las más válidas”. Curioso ¿no? Comenta un historiador nada sospechoso de radical, “que cuando una democracia necesita policía del pensamiento, esta democracia falla”, y es cierto, no solo necesita a policía del pensamiento, sino que da valor a unos votos ejercidos por una gran mayoría de electores que no saben ni el primer punto del programa electoral del partido que han votado. Prueben a poner en las listas conejos, cerdos y gallinas, paguen una buena campaña de publicidad y seguro que nuestro Parlamento se convertirá en un corral mucho más auténtico.

Y es que, con este planteamiento, nos cuentan los eurosionistas -que son personas “influyentes”, que tienen acceso fácil a los medios de comunicación, son intocables y de querella fácil- que Israel es la democracia más avanzada de Oriente Medio, uno pensaba que lo era Palestina, pero quizás esté equivocado. Claro que, algunos también afirman que “Israel es nuestra primera línea de defensa”, de Europa se entiende. Y por eso corren a defender a esa democracia israelita. De hecho no sorprende ¿o sí?, sorprende porque algunos de los que lo afirman manchaban, hace algún tiempo, la camisa azul luciéndola en actos falangistas; otros, los más, haciendo gala de un experimentado análisis geopolítico, dicen que “este tema no va con nosotros, los españoles”, efectivamente, nuestras escuelas no son bombardeadas por la aviación israelí, pero sí que lo son –bombardeadas, digo- por la propaganda israelí desde nuestra más tierna infancia; nosotros no tenemos que sufrir desde hace más de 60 años la ocupación de nuestros territorios por parte de Israel, aunque sí, nuestras leyes, nuestra política exterior y nuestra cultura están condicionadas a no molestar al Estado Genocida de Israel. Y es que estos “fachas” que esconden la cabeza bajo tierra o que apoyan abiertamente a Israel, son cuanto menos lo más despreciable de toda esta historia. Un pueblo como el español, ni debe ni puede, callar; un pueblo como el español no puede cerrar los ojos ante la barbarie israelí; un pueblo como el español debe de posicionarse claramente, no solo ante el más débil, sino ante quien tiene la razón.

Israel sigue ejerciendo su rodillo, las democracias siguen inclinando su cabeza varias veces al paso de la bandera israelí, y los “fachas” mendigan el aplauso del embajador de turno sionista a cambio de las corruptas monedas de Judas.

A algunos solo nos queda la Dignidad y la Resistencia, exactamente igual que al pueblo Palestino.



Juan Antonio Llopart.

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